Luis Okamoto | Wabi Sabi

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Dicho en sus propias palabras, a pesar de ser nieto de un japonés que emigró a Perú y de haber sentido toda su vida un interés profundo por la cultura japonesa, no fue sino hasta que visitó Japón por primera vez que Okamoto tuvo una pequeña epifanía que vino a cambiarle la manera en que lo entendía todo en su vida.

 

Esa revelación lo hizo entender que la excelencia que él asociaba con lo japonés no tenía nada que ver con la simetría, sino con la armonía. Que el ideal estético que él percibía en lo nipón y que nunca había podido descifrar con palabras no estaba en algo como la perfecta correspondencia geométrica de los fractales, sino en el equilibrio innegable de las ramas de los árboles.